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Nuestra Historia.

 

¿Quiénes somos los Somascos?

 

El término “somasco” tiene su origen en un pequeño pueblo del norte de Italia llamado Somasca. Allí precisamente, en esa pequeña aldea cerca de Milán, la gente comenzó a identificar como somascos los seguidores de Jerónimo Emiliani que vivían en una montañita de este pueblo, cerca del lago de Como.

 

          

Un hombre

Una historia

la calle

 

 

Jerónimo Emiliani, nace en Venecia (Italia) en el año 1486 y muere en Somasca en 1537.

 

Noble patricio de la familia Emiliani, renunció a toda humana ambición, dedicó su vida a Dios en el servicio de los últimos. Tuvo amor generoso hacia el prójimo más pobre y sufrido, con particular predilección hacia los niños huérfanos y desamparados, ideal que vivió ardientemente hasta el final de su existencia.

 

Cuando joven, había soñado emprender una brillante carrera militar en la República italiana. Se fue a la guerra con entusiasmo y mucho deseo de pasar a la historia por sus grandes empresas. El 27 de agosto de 1511, después de un violento ataque contra la fortaleza de Castelnuovo, Jerónimo, a quien estaba confiada la defensa, resistió toda la jornada. Se salvaron él y tres de sus hombres y fue puesto preso.

Sintiéndose abandonado y recordando su fe de niño, acudió a la Virgen prometiendo cambiar de vida, si fuera salvado, la Virgen escuchó su plegaria. Recuperada la libertad, experimentó una profunda transformación espiritual por medio de la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la mortificación y la caridad hacia el prójimo. Repetía muchas veces: “Ayúdame, Señor, y seré tuyo”.

En aquel tiempo sobrevino en toda Italia una terrible carestía y hambruna. Cada día a Venecia llegaba una muchedumbre de gente, hombres, mujeres y niños quienes gritaban por las calles: “Me muero de hambre”. Jerónimo los alimentaba, vestía y hospedaba en su casa; después del hambre estalló la epidemia de peste por toda Europa.

                                    

         

                                   

Su atención fue dirigida, de manera especial, hacia los niños huérfanos y sin casa. Empezó buscándolos por las calles de la ciudad y los alimentaba. Los huérfanos necesitaban de una casa y también de un padre: y él, impulsado por su amor a Cristo, eligió para sí esta tarea.

Además de proveer las necesidades materiales, Jerónimo pensó en darles una adecuada preparación para la vida. Quiso que aprendiesen a leer y escribir y una profesión, según las necesidades e inclinaciones de cada cual, para ello se servía de la colaboración de unos buenos amigos.

El 6 de febrero de 1531, dejó su traje de patricio para vestir el de los pobres. Salió de su casa y se fue a vivir con ellos, para siempre.

 

                                                                 

                    

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